La gente hace cosas raras,
en Galicia más,
hablan raro,
no les entiendo demasiado,
ponen nombres a los pueblos
y luego no se llaman así,
no sabes porque pueblo
preguntar.
La gente va a su bola,
y eso está bien,
acá los tractores son enanos,
parecen de playmovil,
pero las flores son enormes,
las huertas una pasada.
La gente de aquí
y de todas partes,
lee esquelas,
las lee todas las semanas,
como quien se toma una medicina,
¿buscan un muerto concreto?
¿temen no haber llegado a tiempo?
¿llegar a tiempo de qué?
¿empiezan a suspirar de alivio
porque no es su nombre
el que está escrito?
La gente hace cosas horribles,
pero las hace a escondidas,
donde no les vea nadie,
ante los demás
guarda las famosas apariencias.
Luego se emborrachan,
o caen enfermos,
ya no hay forma de disimular,
sale el monstruo que llevan dentro.
Otras veces el noticiero
anuncia un nuevo asesinato,
otra mujer a manos de su pareja,
otros vecinos alucinados
afirmando lo buena persona que era.
Yo hago cosas muy muy raras,
estoy harta de dar explicaciones,
me voy a volver Margarita
para hacer lo que me plazca
en cada momento,
me canso ya de tener que huir
para ser yo,
y aunque huya,
me canso de las miradas
de flipados
de los que cotillean, fisgan, juzgan,
lo que sea que yo haga.
Hablo en alto,
me canto a mí misma,
me pierdo,
no se mi derecha y mi izquierda,
me duele todo,
ando deprisa,
no puedo andar,
me agoto,
se me acaba la pila,
no me conformo con nada,
siempre quiero más.
¡¡¡Qué sencillo es ver
que todos somos gente
y más raros que un perro verde!!!